El cómputo sale del dibujo
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Quinto y último artículo de la serie. El cómputo llega al final del trabajo y suele hacerse como un trámite: alguien abre los planos y se pone a contar. No tiene por qué ser así. Si cada símbolo del plano ya sabe qué representa, no hace falta redactar el cómputo: se lee directamente en el dibujo.
1. Cada símbolo lleva su partida
Una toma en el plano es algo más que un dibujo. Lleva un código, una descripción y una unidad de medida. Lo mismo pasa con una luminaria, un interruptor o un metro de cable. Esos datos están dentro del propio objeto, no en un texto escrito al lado.
Cada línea del cómputo tiene entonces la misma forma: descripción, unidad, cantidad. Punto de luz, ud, 366. Cable de alumbrado, m, 2.978. Ni más ni menos que lo dibujado.
Con los símbolos preparados de esta manera, contar es sencillo. Se cuentan los símbolos por tipo y se suman las longitudes de cable por sección, en milímetros cuadrados. El cómputo no es más que esos dos totales.
2. Contar y sumar
En este edificio de 38 viviendas, las cuentas quedan así: más de mil tomas y conexiones fijas (una conexión fija es el punto donde un aparato se conecta directamente, sin enchufe), 366 luminarias, 194 interruptores y 72 conmutadores, que permiten encender y apagar la misma luz desde dos lugares. Y el cable: unos 3.235 metros para los circuitos de tomas y 2.978 metros para el alumbrado, en todo el edificio. Cada cifra sale del dibujo; ninguna es una estimación.
El cable se suma por sección porque un circuito de tomas y uno de alumbrado no llevan el mismo cable. Por eso el cómputo no dice «tantos metros de cable», sino «tantos metros de esta sección y tantos de esta otra», que es justo lo que necesita quien compra el material y hace la instalación.
Y nadie lo hace a mano. El mismo programa que lee el plano y cuenta los puntos, del que hablamos en la tercera parte, es el que genera el cómputo. No hace falta abrir el CAD para contar: se ejecuta el programa y sale la tabla.
3. El cómputo sigue a los planos
La verdadera ventaja se nota en la tercera revisión. Se mueve un tabique, se agrega una habitación, cambia un circuito: el dibujo cambia y el cómputo cambia con él, en el acto. No hay una segunda lista que actualizar a mano; hay una sola, que nace del dibujo y coincide siempre con lo dibujado.
En el fondo, de eso trata toda la serie. Si el cómputo sale del dibujo, y el dibujo sale del mismo modelo que el resto de los planos, todo encaja. Las cantidades del cómputo, los circuitos del esquema unifilar y las tomas del plano describen el mismo edificio.
4. Lo que falta en el dibujo
No todo está en el dibujo. El cómputo que sale de él hay que completarlo a mano, y esa parte le corresponde al proyectista.
Las mermas: el cable que se pierde en los cortes. Las bajadas y los tramos verticales que el plano no muestra. La albañilería: abrir los muros, colocar cajas y tubos empotrados. El pequeño material. Los precios. Y, sobre todo, el control de sentido común: ¿el número de puntos cuadra con la cantidad de habitaciones y con su uso? Si un dormitorio tiene diez tomas y otro igual tiene dos, la respuesta no está en la tabla, sino antes: en el modelo.
Ese es el límite del método, y conviene decirlo sin rodeos. Un cómputo automático da las cantidades que se ven en el dibujo, rápido y siempre al día. Todo lo demás, lo que aporta la experiencia, sigue siendo trabajo de quien firma.
5. El final de la cadena
Con el cómputo se cierra la cadena. Del plano del arquitecto fueron saliendo, uno tras otro, los recintos y las viviendas, la lista de circuitos, los esquemas unifilares de los cuadros, la ubicación de tomas y luminarias y, por último, el cómputo. Todos los planos salen del mismo modelo. Si algo cambia al principio, cambia en todas partes, sin copiar nada a mano.
No firmamos proyectos en los países donde se construyen estos edificios: aplicamos la regla y las condiciones de conexión de la distribuidora; la comprobación y la firma quedan a cargo del ingeniero responsable. El método ahorra horas de dibujo, no decisiones.
Aquí termina la serie. Cinco artículos y un mismo hilo: todos los planos y el cómputo nacen de la misma base, así que nunca se contradicen. El tiempo que se gana se dedica a sacar adelante los próximos proyectos.