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El método · Parte VI

Dónde termina la automatización y empieza el criterio

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En un edificio de viviendas, las decisiones de ingeniería caben en una tarde.

Cuántos enchufes y luminarias en cada estancia, cómo se agrupan en circuitos, cómo se acciona el alumbrado, dónde va el cuadro — unas horas de criterio de quien ya lo ha hecho.

Después, los planos y el cómputo se llevan semanas.

No porque sean difíciles, sino porque cada una de esas decisiones hay que arrastrarla a mano por todo el juego de planos: cada símbolo dibujado y rotulado, uno a uno, los trazados de cable siguiendo las paredes, los esquemas de los cuadros rellenados renglón a renglón, calculados el balance de potencias y las caídas de tensión, y al final contada cada cantidad.

Y eso son solo las viviendas. Luego llegan los pasillos y las escaleras, las zonas comunes, el garaje — cada uno con su cuadro, sus circuitos, su alumbrado, y encima el alumbrado de emergencia. Horas por lámina, días por planta, semanas por edificio.

Nada de eso es ingeniería. Es su consecuencia, copiada a mano.

Una planta de un edificio de viviendas: trazados de cable en rojo a lo largo de las paredes, cientos de enchufes y luminarias derivados del plano
Una planta de un edificio real — los trazados de cable a lo largo de las paredes, cada punto derivado de las decisiones. Esto es solo la consecuencia; las decisiones llevaron una tarde.

Y eso es justo lo que merece la pena automatizar — las consecuencias, nunca las decisiones. Fijados los puntos y los circuitos, de ellos salen por regla el balance de potencias, las caídas de tensión, las secciones de los conductores, las protecciones, cada lámina y cada renglón del cómputo — obtenidos en minutos, y nunca mal contados en la lámina cuarenta.

La tarde de criterio queda para el ingeniero. Las semanas de transcripción no tienen por qué existir.

¿Dónde trazas tú esa línea — qué dejarías derivar y qué no delegarías jamás?

Quien escribe esto no firma los proyectos: la norma y la firma quedan para el proyectista que firma. Aquí se habla solo de método.

Cómo se ve en la práctica

El caso de estudio muestra un edificio residencial real de la base a la firma, con las láminas DWG y el cómputo para descargar. El primer proyecto de hasta 5.000 m² es gratis.