Dónde van las tomas (y las luces)
Publicado en ElectroYou: leer el artículo completo · La versión inglesa de esta serie también se publica como artículos en nuestra página de LinkedIn — síguenos en LinkedIn
Cuarto artículo de la serie. En la tercera parte, las tomas y las luces ya estaban en el plano, y a partir de ahí derivamos los circuitos, los cuadros y el esquema. Aquí damos un paso atrás: ¿cómo se decide dónde va cada toma y cada luz? Es el único paso de todo el trabajo en el que se toma una decisión de verdad. Todo lo demás se calcula.
1. La regla fija el mínimo, no el lugar
Partimos de una regla sencilla, según el tipo de recinto: cinco tomas en la cocina, tres en la sala de estar, dos en cada dormitorio, dos en el baño, una en el vestíbulo, en el trastero y en el balcón, y un punto de luz en el techo de cada recinto. Es la misma tabla que dio el número de circuitos en la tercera parte, y por debajo de ese mínimo no se baja. En España, además, el REBT (ITC-BT-25) fija una dotación mínima por estancia según el grado de electrificación, básica o elevada; donde rige una norma así, ese mínimo manda. No firmamos proyectos en los países donde se construyen estos edificios: aplicamos la regla y las condiciones de conexión de la distribuidora; la comprobación y la firma quedan a cargo del ingeniero responsable.
Pero la regla dice cuántas tomas, no dónde. «Dos tomas en el dormitorio» vale para un dormitorio de nueve metros cuadrados y para uno de dieciocho, con la cama contra la pared corta o contra la larga. El número está decidido; el lugar, no. Y el lugar es lo que los ocupantes van a usar durante treinta años.
2. Los muros dicen dónde puede ir; el mobiliario, dónde hace falta
El primer filtro son los muros. Una toma va en un muro: no en una ventana, no en una puerta, no en un trozo de muro de treinta centímetros, no en la zona del baño a la que llega el agua. Por la planta que leímos en la segunda parte sabemos dónde están los muros y los vanos de cada recinto. Sabemos, por tanto, dónde puede ir una toma, pero todavía no dónde hace falta.
El segundo filtro es el mobiliario que dibujó el arquitecto. No aparece en el plano eléctrico, pero lo decide todo. La cama pide dos tomas, una a cada lado, a la altura de la mesita de noche. La mesa pide una en el muro más cercano. La pared del televisor pide un grupo. En la cocina, la superficie de trabajo pide una fila de tomas encima, y cada aparato empotrado —placa de cocción, horno, lavavajillas, refrigerador, campana— pide su propia conexión detrás. (Una conexión fija es el punto donde un aparato se conecta directamente, sin enchufe.) El baño es distinto: tiene pocas tomas y, en su lugar, conexiones fijas —calentador de agua, lavadora, extractor, calefactor—, cada una donde está el aparato.
Juntos, los dos filtros le dan a cada toma una razón que se ve en el plano: esta está aquí por la mesita de noche; aquella, porque aquí termina la superficie de trabajo; esa conexión, porque el calentador de agua está justo detrás. Es la distribución de tomas de la figura, para una vivienda tipo de este edificio. Los muros y el mobiliario son del arquitecto; las tomas y las conexiones se derivan de ellos. Cada símbolo lleva el código de su circuito: el mismo código que aparece en el cuadro de la tercera parte.
3. Las costumbres deciden los interruptores
Para el alumbrado, la regla es más sencilla: al menos un punto de luz en el techo de cada recinto, con la protección que el recinto requiera, es decir, luminaria común en los dormitorios y protegida en el baño, en el balcón y en el sótano. En este edificio hay 366.
Los que piden decisiones son los interruptores. El interruptor va a la entrada del recinto, del lado del picaporte, para que la mano lo encuentre antes de que la puerta esté del todo abierta. Un pasillo largo se enciende desde los dos extremos, con un conmutador en cada uno; los conmutadores permiten encender y apagar la misma luz desde dos lugares. Lo mismo vale para una escalera o para un dormitorio en el que se quiere apagar la luz desde la cama. Este edificio tiene 194 interruptores y 72 conmutadores. Cuántos conmutadores hacen falta no lo dice ninguna norma: depende de cómo se mueve la gente por su casa. También eso es mobiliario, en un sentido amplio: no los muebles, sino los recorridos.
Esta es la distribución del alumbrado de la misma vivienda: un punto de luz por recinto, el interruptor junto a la puerta del lado del picaporte y un conmutador donde el recinto tiene dos entradas.
4. Los cables siguen los muros
Con las tomas y las luces en su sitio, desde el cuadro de la vivienda, junto a la entrada, sale un cable por cada circuito. El cable no va por el camino más corto, sino por el camino más corto a lo largo de los muros. Va empotrado en el muro o, en el caso del alumbrado, por el techo. Cambia de dirección donde cambia el muro. Pasa de un recinto a otro por encima de la puerta, nunca en diagonal a través del recinto. En el baño respeta los mismos volúmenes que las tomas. Cada circuito tiene un recorrido principal a lo largo del muro y, desde él, derivaciones cortas hasta cada toma. Así hay una sola canalización por muro, y a cada toma se llega con el mínimo de cable.
En el plano, el cable se dibuja por donde va a ir de verdad: es la línea roja a lo largo de los muros en las dos figuras. Eso importa porque la longitud de cada tramo se mide, no se estima, y esa longitud se usa dos veces: para comprobar la caída de tensión de la tercera parte y para obtener la partida de cable del cómputo, en la quinta. En la vivienda tipo de las figuras, los cables suman unos 45 metros para las tomas y 47 para el alumbrado. En todo el edificio, 3.235 y 2.978 metros.
5. El conteo, por tipo de recinto
Con los tres filtros juntos —mínimo, muros y mobiliario—, el conteo de las treinta y ocho viviendas queda así. El mínimo de la tabla da 564 tomas y 250 luces. La distribución real da 773 tomas y 359 conexiones fijas, 1.132 puntos en total, y 276 luces. La diferencia se ve recinto por recinto.
Salas de estar: mínimo 117; colocadas, 319 tomas y conexiones, casi el triple. El televisor, la mesa y, en quince viviendas, la cocina abierta a la sala de estar, con su superficie de trabajo.
Dormitorios: mínimo 162; colocadas, 323. Los dos lados de la cama, el escritorio, el aire acondicionado.
Cocinas, donde son un recinto aparte: mínimo 115; colocadas, 140. La fila sobre la superficie de trabajo y los aparatos empotrados.
Baños: mínimo 120 tomas; colocadas, 70, pero con 233 conexiones fijas: calentador de agua, lavadora, extractor, calefactor. La regla cuenta tomas; la distribución las convierte en conexiones. La cifra que importa es la de puntos: 303.
Vestíbulos, trasteros y vestidores se quedan en el mínimo: una toma cada uno.
El mínimo dice cuántas tomas hacen falta como poco. El mobiliario dice cuántas hacen falta de verdad. Entre 564 y 1.132 no hay generosidad: hay un plano amueblado, leído recinto por recinto.
6. El único paso en el que se decide
Conviene decirlo con claridad. En toda la cadena —planta, lista de circuitos, esquemas de los cuadros, ubicación y recorrido de los cables, cómputo— este es el único bloque en el que se toma una decisión que no sale de otro. El número de circuitos sale del conteo. La sección del cable sale de la carga. El cómputo sale del dibujo. La ubicación no: sale del mobiliario, y el mobiliario lo elige quien diseña la vivienda.
Por eso la comprobación, aquí, consiste en leer el plano amueblado recinto por recinto. ¿La cama está realmente aquí? ¿Esta es la superficie de trabajo? ¿Cada toma tiene su razón al lado? Esa comprobación la hace el ingeniero responsable. Nosotros preparamos la lámina para que pueda hacerse de un vistazo: el mobiliario queda visible bajo las tomas, y cada toma lleva el código de su circuito.
La próxima parte es la última y trata del cómputo: el conteo de esta parte se convierte en cantidades y descripciones. Y resulta que un cómputo derivado del dibujo no es trabajo extra: es una pregunta que se le hace al modelo.